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Historia

Historia del convento

Este convento, de reciente fundación, -octubre de 2009-, tiene su origen en la unión de los dos conventos que, desde 1970 hasta ese momento, fueron convento de San Pablo y convento de San Gregorio.

Convento de San Pablo

San Pablo de Valladolid. DominicosEl más antiguo, el de San Pablo, se pudo construir hacia el año 1276, por una donación de Doña Violante, esposa de Alfonso X el Sabio, quien cedió los terrenos para su edificación. El provincial de los dominicos obtenía carta de la reina con la concesión de “los terrenos comprendidos entre la Cascajera hasta San Benito”. En dicho lugar existía una capilla dedicada a Nuestra Señora del Pino, “por un gran pino que en ella había”. Esa pequeña ermita sirvió de iglesia a los frailes quienes edificaron junto a ella su pobre casa “hasta que la cofradía de los pellejeros” compuesta de las personas más notables de la población, y a quien pertenecía la ermita, cedió gratuitamente algunas casas contiguas al Santuario, con las cuales dieron mayor extensión al convento.

En 1286 Doña María de Molina, esposa del rey Sancho IV, favorecía a los frailes predicadores reedificando, con magnificencia, el convento acogido a la protección del apóstol San Pablo. Aunque en su vida comenzó la obra y quiso que allí recibiera sepultura su hijo, el infante Dn. Alfonso, “no pudo acabarlo por la muerte que lo acaba todo”. A pesar de ello, hizo testamento donando a los dominicos las rentas que le pertenecían en el portazgo de la Ciudad, para construir la iglesia y el claustro que ella había iniciado.

De regreso del concilio de Constanza (1418), Fray Luis de Valladolid –hijo de este convento- recibió el nombramiento de confesor del rey Juan II. Puso estudio de teología en la Universidad de Valladolid, siendo lector y decano de la facultad.

Años más tarde, en 1463, el cardenal Fray Juan de Torquemada, tío del inquisidor general Tomás de Torquemada, comprendió que “la fábrica y edificios que años atrás se habían comenzado en tiempos de la reina Doña María, eran estrechos y por muchas partes arruinados y la iglesia muy pequeña y por ser de tierra muy mal segura”. Trató de renovarla y la levantó desde los cimientos, “muy suntuosos y de fuerte muralla de piedra”. Para la empresa recibió préstamos del pontífice Pío II. Muerto en 1468, otro dominico, Fray Alonso de Burgos –obispo de Palencia, confesor de la reina Isabel- prosiguió la construcción y ornamentación del templo que “con la muerte del Cardenal Torquemada quedaba manca”. Decidió terminar la obra, “aunque la empresa era dificultosísima por ser lo que faltaba mucho y de muy grande costa y al parecer imposible en muchos años…con todo eso la acabó en pocos y muy pocos años e hizo cuanto en aquel convento hay que ver y estimar: el claustro principal, el sobreclaustro, coro, refectorio, hospedería, dormitorios, capítulo, librerías y otras oficinas con la portada de la iglesia, retablo y reja de la capilla mayor”.

Las obras fueron contratadas con Simón de Colonia. El convento agradeció a sus mecenas tan innumerables beneficios cediéndole, para edificar, la mayor parte del terreno del Colegio de San Gregorio, actualmente Museo Colegio de San Gregorio, propiedad del Estado. Al otorgar testamento recordaba, de nuevo, su obra, “otrosí mandamos a nuestro monasterio de San Pablo, cien mil maravedís con que paguen sus deudas e se desempeñen e rueguen a Dios por nuestra ánima”. Posteriormente el dominico Fray García de Loaysa, cardenal de la iglesia, levantó la soberbia sacristía, “tan suntuosa sacristía que para iglesia conventual lo fuera”.

En el año 1601 adquirió el patronato del convento Don Francisco de Rojas y Sandoval, gran duque de Lerma, quien proponiéndose –al decir de los contemporáneos- emular la obra del Escorial realizó las últimas reformas. Su esplendidez permitió levantar la cubierta de la iglesia a la altura que contemplamos actualmente, adelantando el segundo cuerpo de la fachada introduciendo los escudos de la casa ducal de Lerma, las cuatro figuras de los evangelistas y la repisa de la Virgen, junto con los machones que enmarcan la fachada. Invirtió en las obras una cantidad superior a sesenta mil ducados. Deseaba que el templo sirviera de descanso de sus restos y de su esposa.

La historia de la ciudad relata el ocaso del convento en la primera década del siglo XIX. En 1809 entraron en la ciudad 1.200 soldados franceses de infantería y bastantes de caballería, siendo acuartelados en el convento e iglesia. “El hortelano del convento dio muerte en la misma huerta del convento a un soldado francés y lo tiró al pozo, lo cual motivó que Napoleón decretase la supresión del convento, el secuestro de todos los bienes y la muerte del hortelano, que fue ejecutado. Las mesas de piedra del refectorio del convento se convirtieron en asientos para el Campo Grande y las baldosas las colocaron en las aceras de las calles”. Demolido el convento, con su piedra se construyó el antiguo Presidio Modelo, que, posteriormente, sirvió para Academia de Caballería, derruida más tarde. Después de estas destrucciones solo quedaría en pie la iglesia que todavía admiramos por su grandeza y hermosura.

El 18 de agosto de 1835, por disposición del Capitán General de Castilla la Vieja le llegó la exclaustración. Por esta disposición los frailes tuvieron que abandonar el convento. Pocos años después fueron derruidos los pocos edificios conventuales que quedaban, respetándose solo la iglesia conventual. La comunidad fue restaurada en 1893. El espacio del que disponían los frailes para vivienda era mínimo. Es la razón por la que hubo que adaptar la antigua sacristía como vivienda conventual. Así sigue siendo hasta hoy.

Convento de San Gregorio

A pocos metros del convento de San Pablo, el año 1965 se levantó el Colegio menor Santo Tomás. Esta obra fue iniciativa de los frailes en su afán de servir a jóvenes de ambiente rural que deseaban realizar sus estudios en los institutos de la capital. Posteriormente se convertiría en residencia de estudiantes universitarios.

En esa residencia se instaló un nuevo convento dominicano acogido a la tutela de San Gregorio, nombre del antiguo Colegio, hoy convertido en Museo.

Este convento, que ocupó una mitad de los espacios del Colegio-Residencia en octubre de 1974, fue erigido el día 1 de octubre de 1970, por decreto del entonces Maestro de la Orden, Fr. Aniceto Fernández, en locales del Seminario Mayor de Valladolid para acoger a los frailes y al Estudio General e Instituto Superior de Filosofía que se trasladaban en esa fecha desde Las Caldas de Besaya (Cantabria) a Valladolid.
Desde 1974, el Instituto Superior de Filosofía, que primero fue Agregado a la Universidad de Santo Tomás de Roma, quedó integrado en la Facultad de Filosofía de la Universidad Pontificia de Salamanca, y alcanzó su máximo esplendor en los años 1980-1985.

Posteriormente, sobre la base de dicho Instituto Integrado en la Pontificia, se creó en el mismo edificio, en el Curso 1981-1982, la Escuela Superior de Ciencia de la Familia, con su Centro OIKOS de terapia familiar, y en el año académico 1993-1994 una Sección de la Universidad de la Experiencia promovida por la Junta de Castilla y León en la Universidad Pontificia de Salamanca, y hoy difundida por las otras Universidades como Programa Interuniversitario de la Experiencia.

Desde octubre de 2009, tras el Capítulo Provincial de Caleruega 2009, y secundando el Plan Provincial de Pastoral, estos dos conventos se han unificado convirtiéndose en el actual convento de San Pablo y San Gregorio.

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