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Olla de Grillos

Hemos acordado llamar a este rincón literario “Olla de Grillos” después de pasar por encima de una serie de nombres de similar sentido, como, por ejemplo, “Cajón de sastre”, “Arca de Noé”, “Torre de Babel”, “Casa de locos” e incluso “Merienda de negros”… Para los efectos, cualquiera de ellos hubiera sido igualmente expresivo. “Olla de grillos” se refiere al “lugar en el que hay gran desorden y confusión y nadie se entiende.” No obstante, y aunque haya que interpretarlo con amplitud máxima y más allá del pie de la letra, sí es propósito de los editores que este marco esté abierto a todos los frailes del convento de San Pablo y San Gregorio, sin límite de edad y especialidad, con plena libertad de expresión y de selección temática y con la certeza de que los textos serán respetados y agradecidos.

Caben en la Olla todos los timbres de todos los grillos, en la seguridad de que todas las partituras tendrán cobijo y acogida. Cuentan, desde ya, con el agradecimiento de toda la comunidad y de cuantos lectores deseen suscribirse a ellos. Si bien la preferencia de edición está reservada a los frailes del convento de San Pablo y San Gregorio, serán igualmente acogidos y editados los trabajos de cuantos se sientan invitados (todos) a participar en esta Olla de Grillos. “De omni re scibili” era el eslogan de nuestros antepasados, a la hora de escribir o enseñar en todas las aulas que presidieron, que fueron muchas y de altos vuelos. Aquí caben los temas menores, todos los géneros y cualesquiera partitura temática. Serán bienvenidos y agradecidos. La Olla está abierta desde hoy.

Movilidad, disponibilidad, itinerancia...

Son palabras que forman parte del vocabulario frailuno -¿también de sus acciones?- a las que estoy sacando el jugo en este tiempo que me dispongo a trasladarme a la que va a ser mi décima cuarta asignación en el seno de la Orden desde que profesé en ella en 1972. Catorce asignaciones en cinco países distintos. Desde un primer viaje con una maleta y una guitarra -es como fui al noviciado- hasta una semana preparando una primera tanda de paquetes, falta otra, en lo que se incluye la misma guitarra, fiel compañera por cuarenta y ocho años.

La edad hace que conjugar esos términos cueste más. No es lo mismo con 30, con 40, con 50, que al borde de los 70. Son muchas más cosas en que pensar y las que hay que prever en su nueva forma, la mayoría concernientes a la atención de la salud. Pero no solo eso. Nuevo ambiente, nuevas actividades, nuevos hermanos de comunidad, nuevas expectativas... con menos "juego de cintura". Y todo ello pidiendo "la misericordia de Dios y la vuestra", como solicitamos al entrar en la Orden, y recordando que poner las manos entre las manos de un hermano al pronunciar la profesión tiene un significado de confiarnos en los hermanos, en que desean lo mejor para uno.

Son valores muy bellos. Pero naufragan cuando en vez de confiar en los hermanos, desconfiamos; en vez de disponernos, nos indisponemos; en vez de movilizarnos, nos estancamos durante muchos años y nos convertimos en inamovibles; entonces, nuestra itinerancia se reduce a unos pocos pasos, siempre los mismos; nos sentimos dueños de conventos y de actividades hasta acapararlas, ponernos en guardia ante la incorporación de otros hermanos y reaccionar inmediatamente ante cualquier cambio o novedad que intenten. Vale aquí muy bien la pregunta de Pedro de Córdoba en La Española: ¿con qué derecho y con qué justicia?

No. Ninguno somos dueños ni imprescindibles en ningún sitio, puede que ni siquiera necesarios, puede que incluso fuera mejor para ese sitio saber retirarse, saber dejar el espacio, facilitar el relevo, confiar en los que vienen detrás porque también la confianza en ellos está incluida en nuestra profesión religiosa. ¡Qué gusto da y qué magnífico testimonio el de quienes saben hacerlo con sencillez y con alegría! Pero qué pocos son los casos.

No hago alabanza propia. En el mío, no hay caso. No estoy "sabiendo retirarme", simplemente porque no he tomado yo la iniciativa, me han pedido otro servicio y lo he aceptado. Aunque pasen los años y cada vez cueste más, no quisiera perder nunca esa disponibilidad mientras pueda darla.

Medito en todo esto mientras me preparo para incorporarme a una nueva asignación.

Fr. José Antonio Fernández



Descubrir las oportunidades: “Vino nuevo en odres nuevos”. (Mt 9,14)

I.- LO PRIMERO ES MIRAR LA REALIDAD
1.Dominicos. A primeros de julio comenzó en Vietnam el Capítulo General electivo. N. 290 de los dominicos, donde ha sido elegido el 88º Maestro General de la Orden de Predicadores, Fray Gerar Timoner III, filipino de 51 años. Los dominicos del mundo entero siguen reunidos para definir las grandes orientaciones de la vida de la Orden y revisar sus leyes. Los Superiores de los países junto a los delegados elegidos por los propios frailes, oran y reflexionan para que lo que han de vivir y predicar a diario haya sido decidido también por todos ellos.
El Maestro -recién elegido- se unió de inmediato para presidir el grupo. En la actualidad los Capítulos se celebran cada tres años, y el mandato dura nueve. Tal es la democracia desde la edad Media, que ha mantenido la Orden sin divisiones, en continuada evolución conforme a los signos de los tiempos y las necesidades sociales.
2.Familia dominicana. La Familia dominicana en el mundo consta de frailes clérigos y cooperadores, de monjas, de hermanas, de miembros de institutos seculares y de fraternidades sacerdotales y laicales. Las constituciones que siguen se refieren únicamente a los frailes; con sus prescripciones se provee a la necesaria unidad de la Orden, sin excluir la necesaria diversidad, de acuerdo a nuestras mismas leyes.
Fraternidad laical de Santo Domingo en España. En marzo de 2013 se publicaron los Estatutos y Regla de dicha fraternidad. La diferencia fundamental entre los dominicos seglares –antiguos- y las actuales fraternidades laicales es que unos dependían de los distintos conventos, mientras que la Fraternidad laical goza, a nivel nacional, de autonomía bajo la autoridad directa del Maestro de la Orden.
3. La Conferencia Episcopal Española, ha diseñado para febrero próximo la preparación de un Congreso, con el lema “un laicado en acción” para vivir el sueño misionero de llegar a todas las personas. Han comenzado a nivel diocesano, “mirar, discernir y elegir”, con la mayor sencillez y humildad, la situación del Pueblo de Dios como Iglesia viva y misionera. Se intenta convocar la mayor asistencia posible, y la participación en grupos menores, con las aportaciones que surjan a lo largo del verano, hasta octubre.
En la primera etapa del verano se está incoando a nivel nacional un trabajo de grupos de reflexión-escucha, de “bautizados” como Pueblo de Dios (laicos, sacerdotes, consagrados) que dialogan, desde sus propias perspectivas sobre las situaciones reales (retos, desafíos, apoyos) que les envuelven en las más variadas circunstancias particulares o personales. Todo ello como preparación de un congreso de laicos en febrero.

II. LO SEGUNDO ES RECONOCER EVIDENCIAS. Valorar
IGLESIA PUEBLO DE DIOS. “El camino de la “sinodalidad” es el camino que Dios espera de la Iglesia del tercer milenio” Es el compromiso programático propuesto por el Papa Francisco en sintonía con el Concilio Vaticano II. “La Iglesia, dice, está llamada a manifestar que la catolicidad que la cualifica, y la sinodalidad en la que se expresa, son fermento de unidad en la diversidad y de comunión en la libertad”.
Para que este proceso de discernimiento pueda llevarse a cabo necesitamos practicar una convivencia caracterizada por la escucha y el diálogo interpersonal, en todas sus fases. Es el desafío que hemos de asumir seriamente para que la fuerza del Espíritu nos conduzca al cambio de mentalidad, -a nacer de nuevo en la Iglesia- como Jesús recomendó a Nicodemo.
Pueblo de Dios. Todos los bautizados somos sujetos, activos y responsables (personas), capaces de realizar la misión de la Iglesia. En el AT fue la tribu de Judea, Israel, la elegida, a quien Moisés condujo por el desierto durante varios siglos, esperando la liberación de Egipto. El Pueblo de la Nueva Alianza, nació misteriosamente con la encarnación del Verbo y la presencia del Espíritu Santo de forma permanente.

Lo sinodal: “Es un elemento constitutivo en la Iglesia, porque forma parte de su misma naturaleza. Significa caminar juntos, propone fortalecer las relaciones, exige contar con comunidades misioneras abiertas al territorio, invita a la conversión y lleva a la misión. La puesta en acción de una iglesia sinodal es el presupuesto indispensable para un nuevo impulso misionero que involucre a todo el Pueblo de Dios” (Sínodo jóvenes, n. 118)

Somos el Pueblo que camina y caminando recibe el amor liberador en sí mismo y para la atención a los demás (San Pablo a los gálatas) En ambientes de oración (con Dios) y amor fraterno afectivo y efectivo (hacia el prójimo) se manifiestan la misericordia de Dios, con el desarrollo humanizante y la verdad, capaces de depurar errores colectivos.


LO TERCERO: ES OBRAR CON MISERICORDIA

A.Cambio de mentalidad. Desde el principio, y en cada momento, hay que superar toda clase de egoísmos para eliminar el clericalismo (antiguo) y una secularización sutil (naciente). Laicos en acción, misioneros, ante todo testigos, nueva evangelización significa la fuerza del Espíritu Santo como nuevo Pentecostés que permita la unidad en las diferencias y comunidad en la misión.

B. Escucha y diálogo constituyen “la comadrona” capaz de acoger al neonato cuando llegue, ya se trate de gente sencilla que comparte su vida de Pueblo de Dios, o a nivel de los grupos especializados, en los que militen como servidores, otros grupos menores de asociaciones, cofradías, comunidades de vecinos, etc.
Superar los egoísmos latentes personales y limitantes es un esfuerzo cooperador que ha de ponerse de base para descubrir, desde la propia consciencia, la verdad reinante. Nuestra complejidad como especia humana (animal racional) sobrenaturalizada será conducida con la ayuda del Espíritu a la verdadera libertad, carente de errores en la traviesa.

Ser conscientes y responsables empuja a cada uno a mirar con nuevos ojos, y elegir en el momento lo mejor para el otro, conforme al amor samaritano.

¡Descubre el vino nuevo!
¿Grupo sinodal en san Pablo? Con mente y corazón compasivos
Discernir –con la luz del Espíritu- es misión de la Iglesia. Conscientemente nos lleva a reconocer los medios concretos que el Señor predispone, en sus planes salvíficos, para que no nos quedemos solo en buenas intenciones. Por ello es preciso esclarecer aquello que puede ser fruto del Reino de Dios y también aquello que atenta contra su proyecto.

Es preciso reconocer e interpretar las mociones buenas y no buenas (el mal nunca lo elegimos) y elegir para llevar a la práctica las buenas. Es también don del Espíritu Santo la moción para pedirlo con estilo de escucha fraterna y diálogo intergeneracional, en todas sus fases.

C. REALIZAR. Una vez elegido el objetivo, llevarlo a la práctica, en tiempo prudencial y sin violencia. La demora puede ser tan perjudicial como la precipitación. La unión de fuerzas para llevar a cabo el plan de Dios en cada momento y lugar exige sincronizar voluntades, como la armonía de un coro. Será preciso recurrir a la súplica y acción de gracias en la oración del Padre nuestro, que guía a los pecadores arrepentidos.

La función sacerdotal del Pueblo de Dios dará en cada momento, a todos juntos, el buen criterio pastoral para decidir como propias de su peculiar llamada las acciones correspondientes, en la buena orientación del orden temporal. La misión concreta puede realizarla la persona que es enviada a una misión concreta, aunque la deliberación esté asumida por todo el grupo.


Fray Manuel G. de Lafuente, OP
Convento de San Pablo y San Gregorio.
Valladolid, 20 de julio de 2019


 



Memorias de un fraile bueno

El pasado 15 de mayo falleció en Navarra, su tierra natal, Fr. Cándido Aniz, fraile que fue por muchos años parte de nuestra presencia en Valladolid, unos cuarenta -con la interrupción de los años que fue prior provincial- en el que era Convento de San Gregorio, y ocho más en el actual de San Pablo y San Gregorio.

Tuve contacto con él prácticamente desde mi entrada en la Orden. En mi año de noviciado (1971-72) el maestro de novicios lo llevó a darnos un curso sobre sacerdocio. Fue un poco excusa para convivir un breve tiempo con nosotros (éramos 23 novicios) conocernos y hacernos la "ficha", puesto que del noviciado pasaríamos a los estudios de filosofía, con él como profesor y director del Instituto en que los haríamos. Siempre he mantenido la impresión de que aquella estancia tuvo también la intención, solicitado me imagino por el maestro de novicios, de darle su visión y consejo sobre cada uno de nosotros en cuanto a los "pasos" de permanencia en la Orden y profesión temporal, que sería la primera que hiciéramos.

Después, efectivamente, coincidí con él un tiempo largo, los dos años de estudios de filosofía que hacíamos en aquel entonces como comunidad hospedada en el Seminario de Valladolid. Dentro de las distancias que había entre la comunidad de padres y la de estudiantado, eran muchos los momentos de convivencia: en clases, en el comedor, en la oración. Con él teníamos además la relación con el director del Instituto. Y fue nuestro profesor de Historia de la Filosofía Contemporánea. La imagen de ese tiempo que mantengo de él es la de un fraile que trataba de ser cercano, respetuoso, muy correcto en sus formas, siempre animoso y estimulante.

Poco después de mi paso de la filosofía a estudiar la teología en Salamanca fue elegido prior provincial. Gracias a él se pudo hacer en San Esteban una iniciativa que cambió las formas del Estudiantado. Me refiero a la creación del convento propio que dio en llamarse Sotomayor constituido por los estudiantes de teología y, en su origen, cinco frailes ordenados. Fue una división del convento de San Esteban que resultó controvertida en su ejecución. Lo viví en carne propia porque hice mi primer año todavía en San Esteban y fui de los "fundadores" del nuevo convento. Recuerdo el sentimiento de agradecimiento que había hacia él en la comunidad de Sotomayor, donde ciertamente fue posible alcanzar una forma y nivel de vida comunitaria que no los teníamos en San Esteban. Y él supo "mantenella y no enmendalla" ante quienes en San Esteban se sentían dolidos y ante toda la provincia.

La relación con él pasó a ser entonces con el provincial. En esa condición y en esos años fue él quien, como superior mayor que podía hacerlo, me instituyó en los ministerios de lector y de acólito a comienzos del curso 1977-78. Y fue con él con quien traté mi primer destino al terminar los estudios. Hubo ahí otra situación controvertida en doble vertiente. Una, porque veníamos fraguando un compañero de mi curso y yo, desde meses antes, la idea compartida con el entonces prior del Vicariato en Centroamérica de incorporarnos a él. La controversia estaba en que eran ya tiempos de cursos muy reducidos en número y una buena cantidad en los cursos anteriores habían sido destinados a vicariatos en América (Perú, República Dominicana), y apenas alguno había sido destinado en España, lo que provocaba un cierto clamor en la provincia. La otra vertiente de la controversia es que el convento de Santo Domingo el Real, de Madrid, de cuyo club juvenil procedía yo, sin saber yo ni una palabra, me solicitaba ante el provincial para ser destinado ahí y casi hasta me tenían preparada habitación; y parece ser que se llevaron un buen disgusto al conocer la decisión de que yo iba a Centroamérica. Me ha quedado siempre el agradecimiento de la comprensión con que el P. Cándido trató ese asunto y de su decisión final.

Ya en Centroamérica y en su segundo periodo como provincial recuerdo la visita que nos hizo estando yo en la casa de Managua. Estábamos en plena efervescencia del triunfo de la revolución sandinista en julio de 1979. Cabeza pensante como era no podía dejar de hacer sus análisis sobre una situación para él muy desconocida, como lo era nueva para todos, incluso los que veníamos viviéndola desde dentro. Recuerdo que en esos análisis su gran preocupación era "el vacío de poder" que según él suponía que lo hubieran asaltado jóvenes guerrilleros sin experiencia alguna de gobierno.

Luego han pasado muchos años. Él terminó sus periodos de provincial y regresó a Valladolid a retomar su presencia en el Instituto de Filosofía. La entidad de la Orden en Centroamérica pasó en 1984 a ser autónoma, entonces como viceprovincia. Y no volví a tener relación alguna con él hasta mi regreso a España en 2015, viniendo a ser asignado al convento de Valladolid, donde él continuaba. Me encontré entonces con el mismo P. Cándido pero en mayor, se acercaba ya a los noventa años. Cansado y disminuido de fuerzas seguía colaborando en actividades conventuales y era la misma persona acogedora, interesada por todo, animosa, siempre preguntando, respetuosa, cercana, formal... un hombre bueno y un fraile bueno. Una de las actividades que mantuvo mientras estuvo con nosotros hasta el verano de 2017 es la que él llamaba Aula de Teología y era admirable su interés y dedicación en esa tarea. Siento un cierto orgullo y satisfacción personal en que la comunidad me encomendara continuarla en la que es hoy nuestra Escuela de Teología.

P. Cándido, reciba desde el seno del Padre mi reconocimiento y agradecimiento por lo que usted ha significado en mi pertenencia a la Orden.

Fr. José Antonio Fernández



Hacia una Iglesia evangelizadora. Visita relámpago del M.O. fray Bruno Cadoré, a Valladolid

Querido Maestro fray Bruno:

Con suficiente antelación y “cercanía” el M.O. fray Bruno ha publicado, hace poco, en Editorial San Esteban un libro de letra menuda y magisterial contenido. Ha hecho llegar a cada fraile un ejemplar, ofrecido con una palabra de despedida, “Escuchar, con Dios, los latidos del mundo”, cuando está a punto de concluir su servicio en la curia generalicia.
En el cap. 3, "Vivir la Orden", dedica unas pocas páginas a los laicos de hoy, y del siglo XXI. Llaman la atención por su serenidad, sencillez e intuiciones de futuro: sirve de reflexión a nuestra naciente fraternidad laical, poniendo semillas iluminadoras de esperanza para el futuro del laicado y de la Orden: Ir más lejos, hacia una iglesia evangelizadora.
Dice que en la Orden ahora tenemos más laicos que religiosos, más religiosas que frailes y más frailes que monjas, que son sin embargo nuestras hermanas mayores. Las cifras no lo dicen todo. Esta diversidad es la razón por la cual la floración del espíritu dominicano y la promoción de la familia dominicana constituyen una misma y única realidad. Se trata de evidenciar que los laicos comprometen su vocación bautismal de diferentes maneras.
Dice fray Bruno que, a nosotros hace ocho siglos, fray Domingo nos abrió el camino de la “familia dominicana”. Algo que será un desafío para la iglesia de los años venideros, y que todos tendrán que aceptar, representa ya una apuesta para la familia dominicana, ya que se trata de lo que constituye su propio ser desde los comienzos.
La Orden, con su experiencia varias veces centenaria al servicio de la Evangelización, debe sentirse concernida por este cambio decisivo, que verá cómo la Iglesia va a mostrar una fisonomía totalmente distinta de la que tiene (ahora) como institución dominada por hombres consagrados. La clave será promover resueltamente comunidades cristianas de evangelización, y para ello es necesario que los laicos por su parte ocupen plenamente su puesto, su papel y su función; no porque los clérigos lo hayan decidido (o sean escasos) sino porque todos nosotros habremos tomado conciencia de que así es como debe ser la Iglesia de Jesucristo.
Hoy, al igual que en los tiempos de la fundación, cuando tantas y tantas gentes no vienen o dejan de venir a la iglesia, especialmente en la vieja Europa, la Orden debe aportar su contribución específica en la edificación de la Iglesia, una Iglesia que se hace familiar y amiga de todos. Apoyándonos en la apuesta que hace por la fraternidad, y enriquecida por su diversidad, la Orden quiere aportar esa contribución, por su amor a la Iglesia, y a través de ese amor a la Iglesia. Quiere ser una familia de la predicación, al servicio de la Iglesia Evangelizadora, a través de la familia dominicana.
Por su parte, el Papa Francisco está clamando por una iglesia sinodal, como la Iglesia querida por el Espíritu Santo para el futuro. Una iglesia que es el Pueblo de Dios, cuya gente son los hijos de Dios (de cualquier clase y condición) hermanos y hermanas entre sí, salvados por el Hijo encarnado que vivió, murió y resucitó por amor a la humanidad. Salvando las distancias, algo parecido al origen de la catolicidad cristiana inicial, que se alejó del pueblo judío como predilecto y heredero del Reino.
Saludamos cordialmente al Maestro Bruno en su “paso por Valladolid”, quien de esta forma reafirma su mensaje a los laicos dominicos, a la joven fraternidad de Valladolid, para que teniendo como fundamento y apoyo la convivencia fraterna, se comprometa, junto con el resto de la Orden, a “promover resueltamente comunidades cristianas de evangelización”.
Gracias, Maestro Bruno, por una visita tan especial, a todos nosotros. Oraciones.
Fray Manuel, o.p.
 



Los cuadros y Ayala

El sábado, 29 de junio a las 20:00 horas, concluyó la eucaristía en la iglesia. Fray Sixto aprovechó el rato para seguir colocando cuadros por las escaleras, y también el reloj recuperado del Colegio. Operación sencilla en sí misma pero entretenida al tener que usar tacos, alcayatas, medidas, luz eléctrica…
Llegó Manolo se quedó mirando la tarea, admirando el cuadro (P.Villacorta instalado en el tramo de subida a la recreación) y buscando lugar adecuado para el reloj; encontró su espacio exacto “debajo de la cama” que en el piso superior duerme el propio Sixto.

Con este preámbulo y dando vueltas a los huecos disponibles en las escaleras hacia el tercer piso encontró un amplio lugar para el que sería último de la serie, llegando a la biblioteca, arriba del todo, sin visibilidad ni de día ni de noche. Tan sólo quedaba por acomodar el cuadrito pequeño, que había sido retirado para colocar el reloj: justamente en el rellano de la escalera, entre el 1º y 2º pisos, con una distancia inferior a tres metros y otros tantos de altura. Quedaba acomodado el último de la serie.

Entretanto Manolo, comentaba detalles sin valor postal… hasta que fray Sixto le dijo que ya ofrecía una perspectiva “grata”, relacionado con las distancias de los tres cuadros vecinos, tamaños y calidades “sui generis”; añadió que con los artistas postmodernos todo puede pasar. En los intermedios se apagaba la luz de la escalera regulada por el automático de bajo consumo, y había que estimular de vez en cuando.

 

Reflexión. Al concluir su trabajo, subió los ocho peldaños necesarios para descubrir “la perspectiva” -belleza- que brindaba la instalación, y dijo: “puede pasar”. No tenía parecido con lo que había apreciado él desde su reducido plano inferior. “Quidquid recípitur…” decían los clásicos para resolver conflictos. “Lo que se recibe (percibe) se percibe según el modo de ser de quien lo percibe”. Las percepciones humanas elaboradas a través de imágenes sensitivas son tan distintas como cabezas pensantes, o situaciones novedosas que permiten descubrir aquella realidad con otros matices enriquecedores, buenos o bellos. Resulta que los mediadores que intervienen en el proceso “de abstracción” para elaborar un juicio responsable, son tan amplios, que por sí mismos, necesariamente, han de ser originales sus conclusiones.

El primer traductor (intérprete) del agrado/desagrado (instintivo y salvador de la vida) procede del campo biológico del hipotálamo en donde unas neuronas (con descarga eléctrica) son capaces de segregar sustancias químicas (hormonas) de placer/rechazo, a gran velocidad para salvar la vida.

Quien suba las escaleras y perciba “nuestra tarea vespertina” podrá experimentar y emitir sus opiniones sin ningún reparo, con tal que acepte la existencia de otras dispares: La misma realidad “objetiva”, subjetivamente era percibida por Sixto y Manolo de modo diferente, en base a la distinta situación espacial de los dos observadores; y fueron capaces de consensuar libremente.

La prensa del día destacaba en columnas científicas que el famoso biólogo español F. J. Ayala, residente en EE UU, había sido despojado de sus títulos honoríficos y cátedra universitaria por mal comportamiento de índole sexual con compañeras de trabajo a lo largo de muchos años. Habían silenciado los hechos largo tiempo y ahora habían tenido valor para unirse y animar a otras a realizar las denuncias, ante el rectorado, para ejecutar la ejemplar sanción.

El profesor Ayala, que ha dado la callada por respuesta minimizando los hechos, ha hablado siempre desde su doble condición de biólogo y creyente, sin entremezclar los discursos. Entre los científicos abunda el materialismo radical que niega la existencia de cualquier realidad que escape al método experimental. Hallar a un biólogo de primera talla que afirme la doble “perspectiva de conocimiento de la razón y de la fe” no es agradable hoy en tales redes sociales. El método científico de investigación se puede afirmar sin más, que es compatible con el teológico de percepción de la verdad revelada, en cuanto disponen de un camino diferente para sus hallazgos.

Existen demasiadas coincidencias entre la “depuración” del profesor Ayala, y los momentos de su publicación, cuando hace varios meses que sucedieron los procesos y justamente el día uno de Julio han entrado en vigor las consecuencias legales que afectan al alumnado general universitario.

Una lectura más profunda, a largo alcance, en tiempo y lugar, con repercusiones en nuestro propio ambiente educativo, nos invita a abrir los ojos al color rojo de las camisetas, fechas y formas de difusión calculadas, con apariencias defensivas de la personalidad femenina, y su eslogan “yo valgo” en la última película de actualidad.

Valladolid,3 de julio de 2018
Fray Manuel, o.p.



TRES HOMBRES BUENOS

Volvía de Zaragoza, arrastrando una maleta de peso considerable. Al ir a colocarla en la repisa del tren, un joven se adelantó y haciéndose cargo de ella, sin comentario alguno, la depositó en su sitio con toda naturalidad. Le di las gracias y le transmití mi sorpresa por su amabilidad. Lo recibió con sencillez y trató de quitar importancia al asunto. Me senté y pensé lo satisfactorio que es encontrarse con gente amable que, sin aspavientos ni artificialidades, se comporta con una servicialidad sorprendente, algo cada vez más ajeno en nuestras tierras. Pensé para mí, éste me ha visto achacoso y sin fuerzas y ha querido evitarme un esfuerzo que podría superarme.

Es gratificante encontrarse con personas así, que te sorprenden por su sencillez al realizar gestos inesperados de cordialidad, pero más gratificante es vivir con personas que se definen por su bondad, su servicialidad y su coherencia.
Nuestra comunidad dirá, en breve, adiós a tres de esas personas que dejan una huella significativa entre nosotros. Son tres frailes cuyas edades se van jalonando y colocándolos en distintos niveles.

Fray Cándido ÁnizEl mayor es Fr. Cándido Ániz. Navarro por los cuatro costados, trabajador infatigable y animoso que, con sus 91 años, sigue “arañando la vida en búsqueda de la verdad” y lamentando que sus limitaciones físicas no le dejen poder mantener el ritmo que solía y tener que limitar, en gran medida, su variada actividad. Hoy se conforma con alabar y reconocer lo que ve hacer a los demás y caminar los sábados y domingos hasta el kiosko para acercarnos la prensa. Lamenta haber reducido el servicio a los otros y vivir tratando de que su salud no se quiebre del todo. Siempre fue un ejemplo de fraile dominico: inquieto en el estudio, interesado por la problemática que va surgiendo, deseoso de poder contribuir con sus conocimientos a ir dando respuesta a cuestiones actuales. Su serenidad en los momentos bajos que le toca vivir es un ejemplo de firmeza para aceptar con sencillez lo que los años le van quitando y asumiendo el deterioro que, como es natural, esos mismos años le van proporcionando. Cumplidor hasta el extremo, ha tratado siempre de participar en todo lo que la comunidad vive. Es una persona sensiblemente comunitaria.

Fr. Eladio Chávarri le sigue en años, tiene algunos menos, pero su mente, que ha sidoFray Eladio Chávarri meticulosa en el estudio y en la regularidad de su vida, se va desdibujando y acusa olvidos o desconciertos frecuentes. Ha sido y es una persona amable, un poco reservado, pero amante del estudio en el que ha planteado muchos interrogantes a nuestra cultura, reflejados en una serie de libros que quedan ahí como testimonio de su inquietud por analizar la realidad y aportar un punto de posible dirección en el desconcierto. Tras muchos años como profesor de lógica, la edad le obligó a dejar de lado la enseñanza. Desde entonces el tema de los valores le ha mantenido ocupado y preocupado. Su aportación quizá ha pasado un tanto desapercibida para el gran público, pero quienes viven con interés estos temas valoran sus aportaciones por su originalidad y por su profundidad. Vitalista consumado recorrió España en un “vespino”, achicharrándose en los veranos, pero deseoso de visitar los rincones de nuestra geografía con espíritu deportivo. La bici tampoco fue ajena a sus aficiones y hasta no hace mucho salía a recorrer los caminos de la planicie vallisoletana con toda normalidad para una persona de 85 años.

Fray Justino LópezFr. Justino López es un fraile querido por su sencillez, su cordialidad y su naturalidad. Enseñó filosofía durante muchos años en el Instituto Núñez de Arce, de Valladolid. Lo hizo, como lo hace todo, con discreción. Vivió para la enseñanza y supo combinarla con intereses variados. Se metió de lleno en el románico palentino y, animado por sus correrías por conocer más y más ese mundo, un tanto desconocido en aquellos años, se decidió a publicar una guía enjundiosa de la Provincia de Palencia. Un amigo completó con fotos espléndidas los comentarios sabrosos que Justino fue plasmando en esa guía. Jubilado de la enseñanza, se introdujo en el mundo de la biblioteca. Él ha sido el alma de la biblioteca del Instituto Superior de Filosofía. Ochenta mil volúmenes han sido su compañía más frecuente al jubilarse. Para completar su labor, aprendió a encuadernar y ha sido capaz de recuperar viejos volúmenes que, perdidos en cualquier rincón de la biblioteca, parecían añorar su vuelta a la realidad a través de las manos de Justino. Él lo ha sabido hacer con delicadeza y, así, nos ha podido enseñar auténticas obras de arte recuperadas tras pasar por sus manos que, con primor, han sido capaces de devolverles lo que el tiempo les había robado. Su labor pastoral en la iglesia ha sido también significativa. Sus homilías, preparadas concienzudamente, han ambientado las celebraciones y han ayudado a muchos fieles a ahondar en su fe. Como suele ocurrir, muchos no sabrán quién era ese fraile de barba recortada, pelo canoso, y hablar un poco carrasposo, pero firme y claro. A sus 78 años ha decidido cambiar de residencia y desea seguir colaborando en la actividad pastoral. Va a Tenerife, a enfrascarse en tareas diversas en el Santuario de la Patrona de Canarias, la Virgen de la Candelaria. Allí, como aquí, será el hombre disponible que nunca pone objeción a sustituir, apoyar y llevar adelante los proyectos.

Tres hombres que podrían definirse con un adjetivo común: “tres frailes buenos” que han sabido vivir entregados a su labor, colaboradores y animosos para que la vida conventual tuviera altura y aportando, cada uno desde su perspectiva, ejemplo de un buen espíritu dominicano.

El tiempo ha de deshacer muchos recuerdos de lo que se ha vivido. También ese tiempo, en su labor destructiva, se llevará a las personas e irá emborronando su perfil en nuestra memoria. Tiene que ser así. La impresión que ahora nos queda, a los que seguimos en esta comunidad, es la de haber tenido la suerte de convivir con buenas personas que nos enseñaron a ser un poco como ellos, porque eso tiene de bueno la convivencia: el bien se contagia. Con ellos hemos aprendido a ser un poco más buenos. No es poco. Gracias Cándido, Eladio y Justino.

Fr. Salus
27 de junio de 2017
 



Homenaje despedida a tres frailes en el jardín

Convocada por el prior fr. Carmelo Preciado se reunió la comunidad, en pleno, el día 23 de junio, 2017, a las 20.30 h. en el patio del convento, para celebrar un acto “familiar” de despedida a tres frailes (Cándido, Eladio y Justino), que van a ser destinados a otros conventos dentro de poco (a Villava los dos primeros, y Justino a Candelaria). Como invitados nos acompañaron colaboradores del convento y familiares de fr. Justino.
Con la puntualidad habitual comenzó el acto con el saludo del prior y la oración de vísperas, con estilo coral, incluido algún canto. A continuación, fr Carmelo comentó de modo sucinto la amplia trayectoria y vida en Valladolid de los tres frailes.

EN LA DESPEDIDA DE FR. CÁNDIDO, ELADIO Y JUSTINO. Dijo: “Y aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid…” en este día significativo (fiesta del Sgdo. Corazón, víspera de San Juan Bautista) estamos haciendo, en ambiente familiar-conventual, la despedida de unos hermanos que van a otra comunidad dominicana: a Villava y Candelaria.
No voy a realizar una apología de ellos pero sí quiero resaltar que son tres frailes queridos que dejan huella en nuestras vidas y en la de esta comunidad de San Pablo y San Gregorio por los muchos años aquí, llenos de vida y vitalidad y dejándonos su bondad, su confianza, su servicialidad y su buen hacer… y siempre dispuestos y disponibles
- Fray Cándido, entregado en estos últimos años al servicio del Instituto de Filosofía, aparte de otras cosas y causas en la Provincia, en todo lo que se le ha pedido y en todo lo que ha podido en la comunidad.
- Fray Eladio, como buen profesor y con “mucha lógica” entregado en la formación de muchas generaciones. Sus alumnos lo recuerdan, lo recordamos, con afecto de maestro.
- Fray Justino: con su entrega y lleno de bondad dejará un hueco difícil de llenar. Los libros de la Biblioteca añorarán “un cuidador” sin igual que les mime con tanto afecto.

Pero no hay marcha atrás en el tiempo. Siempre camina en la misma dirección. De manera imperceptible y de manera fugaz.

Los cumpleaños son un hito que los niños viven con intensidad. De niños nos ponemos años, en la madurez nos los quitamos, y ya, de más mayores, ni nos preocupamos…, es más, no sé cuánto daríamos por volver a ser niños.

Cuentan que, en la antigüedad, había un sabio que, por sus conocimientos y por su fama, irritaba al rey. El monarca decidió conocerlo. Cuando lo vio, lo primero que le preguntó fue la edad “por aquella creencia de que la sabiduría se logra con los años”.
- ¿Cuántos años tienes? El sabio respondió. - No lo sé.
La respuesta enfureció al rey, porque interpretó que el sabio estaba riéndose de él:- Cómo te atreves a decirme que no sabes cuántos años tienes ¿Te estás burlando de mí?
El sabio respondió serenamente: - No, señor. Ocurre que, a mi entender, los años que tengo son los que me faltan por vivir y no los que he vivido; los que viví pasaron, ya no los tengo; los que viviré son una incógnita. Por lo tanto no sé a ciencia cierta cuántos años tengo.

Esa incertidumbre sobre el futuro nos amarra bien fuerte al presente, al “ahora” que tenemos. A las cosas que debemos hacer con perfección. Hablo del trabajo. Y hablo también de saber disfrutar (del trabajo y del ocio) es un arte y una ciencia que no se dominan fácilmente. El vértigo del tiempo nos puede llevar a la desesperación por su inasibilidad o a la intensidad en la vivencia del momento presente: Porque, en realidad, solo hay “ahora” en la vida.

El pasado ya se fue dejando su estela de vivencias y el futuro aún no ha llegado. ¿Por qué desperdiciar el tiempo lamentando que ya ha pasado y suspirando por el que ha de venir?

El Salmo 91 nos dice: El justo crecerá como una palmera; / se alzará como un cedro del Líbano:Plantado en la casa del Señor, / crecerá en los atrios de nuestro Dios.
En la vejez seguirá dando fruto y estará lozano y frondoso…

Pues deseamos a los tres que, donde estéis, sigáis “lozanos y frondosos”, animando a todos, según vuestras posibilidades, y recordándonos, igual que nosotros os recordaremos a vosotros.

CONVIVENCIA. El año pasado, este mismo día de San Juan, siendo prior fr, Juan M. Almarza se inauguró la “terraza” (antigua piscina) nivelando el piso cuanto era posible para mantener firmes unas mesas de tijera, en el centro, y sillas en el entorno amplio.
Sin innecesarias presentaciones, y con talante familiar de auto-servicio… los presentes pudieron degustar y elogiar las habilidades de la cocinera y las viandas (bajas en calorías y colesteroles) que habían preparado.
Unos de pie, otros sentados, cambiando de lugar para mantener el equilibrio y la charla amena, transcurrieron los minutos insensiblemente. Un mirlo se asomaba saltando de unas a otras ramas del arbolado… y la oscuridad de la tarde invitó a dar por concluido el acto.

Relato 52. Fray Manuel.

 



FIESTA DE N.P. STO. DOMINGO - 24 DE MAYO, 2017

Sugerencias tras la lectura de la Carta del MO
Como dominicos seglares, lo primero que queremos compartir con todos vosotros, en la fiesta de la Traslación de nuestro Padre Domingo, es agradecimiento. Sí, queremos dar gracias a Dios porque, sigue asistiendo, acompañando con su Espíritu a su Iglesia;
A toda ella, ya que toda ella, en unidad y comunión, sigue intentando acoger al hombre y mantener el diálogo establecido por Dios con él.
También quisiéramos volver a los primeros pasos dados ya hace tiempo, al comienzo de nuestra andadura en la fraternidad. En aquellos momentos nos hacíamos estas preguntas:
1ª.- ¿Quiénes somos?
2ª.- ¿Dónde estamos?
3ª.- ¿A dónde vamos?
4.- ¿Con quién vamos?
1) Hombres y mujeres bautizados –laicos-
2) En el mundo.
3) Por propia vocación, a tratar de vivir y extender el Reino de Dios, gestionando los asuntos temporales y ordenándolos según Dios.
4) Con la fraternidad dominicana. Como laicos dominicos, queremos dejarnos penetrar por el espíritu de Sto. Domingo, por medio de la Contemplación asidua de Dios, unida a la oración y el estudio, miembros de las fraternidades laicales y, como miembros también de la propia orden.
Hoy la iglesia expresa la especificidad de la vocación laical en la evangelización y, nuestros planteamientos queremos que se adapten a ese espíritu.
Somos conscientes de que nuestro saber, nuestro poder y, nuestras seguridades están en el mundo, desde ahí, queremos ser predicadores. Nuestra obediencia y nuestra libertad, desde nuestra vocación, que se desarrollan también en medio del mundo.
En el mundo, en la sociedad, en nuestras familias, de las que procedemos o la que hemos creado; trabajando en nuestros negocios, somos iglesia, pueblo de Dios inmerso en el mundo.
Nuestra predicación laical, hemos de hacerla desde nuestro propio “púlpito”, desde nuestro propio lugar, desde nuestros propios roles. Antes de nada testimoniando con nuestras propias vidas, el anuncio del evangelio, del diálogo establecido de Dios con el hombre. Los laicos también, interpretamos la palabra de Dios y, la ponemos por obra.
Los cristianos laicos, debemos contribuir a la liberación o, la santificación del mundo, y esto hecho desde dentro, a modo de levadura. Vivimos en el mundo de otra manera, trabajamos y nos divertimos de otras maneras; estamos en el mundo pero, sin ser mundanos; crear negocios de otra manera, viviendo la enfermedad y el dolor de otra manera, siendo familia, de otra manera, esperando y viviendo el fin de semana, no sólo para la diversión, que también, sino para celebrarlo como día de la resurrección de Nuestro Señor.
Por último, ¿con quién? - Con los dominicos, con la familia dominicana; hecho con estilo propio – con estilo dominicano – vigilantes y disponibles, realizando nuestra tarea, como miembros propios de la Orden; estilo basado en:- en la oración, la contemplación y la fraternidad.
Todo esto, lo tiene muy asumido el Maestro de la Orden, invitando a la familia dominicana a reconocer a los laicos – no sólo como objeto de la predicación, sino, como parte activa que complementa y enriquece a la Orden.
Hermanas/os, solo un deseo para rematar nuestro saludo: que nuestra misión sea una misión compartida. En la celebración de esta fiesta, nos reunimos la F.D. de Valladolid y pedimos a N.P. Sto. Domingo que, no sólo encuentre reunidos, sino que nos de su fuerza para encontrarnos, también, unidos.

Narciso y Mayte. O.P.


 



Novicios dominicos de la II bandera de Palencia.

Pasados más de cincuenta años del noviciado nos reunimos en la Peña de Francia (Salamanca) un grupo de los novicios de Palencia del 1951.
En la foto aparecen Alfredo González: de pie, centro
y yo mismo (2º por la izqda) con camisa azul.

La revista Vida Nueva (nº 3013, de 14.20/enero/2017 publica sendos comentarios sobre el prestigioso “darwiniano” Francisco J. Ayala (Madrid 1934) y Alfredo Gonzalez, Aller, Asturias. 1933) sin alusiones a sus estudios y formación universitaria en sus respectivos ambientes.

Pues bien: Conocí al bachiller Francisco José Ayala Pereda en Madrid (1947) y viajamos juntos a Palencia el 13 de julio para ingresar en el noviciado dominicano. Alfredo se incorporó unos días después a la “segunda bandera” que pilotaban el Padre José Merino en calidad de Maestro, y el venerable fray Juan Menéndez, prior. Iniciamos los tres un proyecto de formación, compartiendo profesores y estilo el primer año. Los tres siguientes en Las Caldas de Besaya (Santander) y cinco más de teología en Salamanca hasta julio de 1960, en idénticos marcos, si bien Alfredo se marchó previamente.

En esta larga etapa Alfredo ya destacó por los dibujos, atletismo y bondad proverbial; Ayala, de mente y piedad excelentes, inició en los últimos años de Salamanca en la vecina Facultad de Ciencias, Universidad, sus primeros ensayos hasta llegar .... a eminente “moscólogo-biólogo”. El que suscribe concluyó los estudios de Medicina, junto a Teología y Filosofía, recorriendo a través del tiempo diferentes lugares y servicios.

En Vida Nueva se hace alusión a las especialidades de los dos compañeros de curso. Amigablemente puedo completar nuestra común formación filosófico-teológica durante nueve años de internado, destacando a su vez la piedad e inteligencia de fray Ayala, la belleza de los dibujos y cualidades atléticas de “Cafarini” (Alfredo).

En 1961, fray Ayala, sacerdote, fue enviado por los superiores a EE.UU a ampliar estudios teológicos, y precisamente para ahondar en las relaciones de la fe con la ciencia. Paulatinamente los canalizó con gran provecho en la vertiente científica, en diversos Centros y universidades, como es sabido. La dedicación preferencial a los estudios-experiencias científicas inclinaron la balanza de su vida de forma plena hacia tales materias relegando la teología y la pastoral universitaria a planos y planes secundarios. En aquellos años del postconcilio muchos sacerdotes obtuvieron dispensa de sus compromisos, y entre ellos fray Ayala. Su valía intelectual prevaleció.

Me alegran las afirmaciones actuales del profesor Ayala defendiendo la cercanía de la ciencia y la fe, y que “el científico no es menos científico por creer, sino más”. Es de alabar que frente a cualquier fundamentalismo (religioso y científico) Ayala asuma que la Iglesia anda en el camino correcto; su reciente doctorado “honoris causa” por la Universidad de Comillas avala su postura, igualmente elogiosa al beato Pablo VI, y consideración hacia el papa Francisco. Los métodos y contenidos propios de diferentes modos del saber humano ponen de manifiesto en el fondo los límites de la razón y de las cuestiones conocidas: materia y espíritu.

Es muy valioso el reconocimiento de las diferencias, suscritas, entre ambos modos de percepción del mundo, y que pueden caminar juntas ambas formas de reconocimiento de la verdad como estuvieron en sus principios, en la aparición del evolucionismo y sus fundamentos por el propio Darwin.

Otro tanto se podría decir de la ingeniería genética, como medio terapéutico en ciertas enfermedades y su moralidad. No todo lo que es posible llevar a cabo con ciertos “métodos-medios” tiene la misma moralidad, o bondad. “La ingeniería genética, -dice Ayala- que se usa para cosas muy dispares”, no pueden ser medidas de antemano con el mismo rasero.

Bueno es que los científicos sean valorados justamente en sus esfuerzos por el desarrollo humano, sin que puedan atribuirse plena autoridad para juzgar lo que queda fuera de su campo específico. La Iglesia por su parte trabaja por esclarecer los errores que a lo largo de la historia hayan podido surgir en los criterios morales fundamentados en errores científicos.

¡Enhorabuena por sentirte cada vez mejor en el diálogo entre ciencia y fe! Compartimos plenamente tales sentimientos.

Fr.Manuel González de la Fuente, O.P.

Valladolid, 21 enero 2017
 



Adiós, otra vez…

Un whatsapp escueto me transmitió la noticia: “Carmen ya descansa en Dios”... Y uno se queda un tanto perplejo. Todo este mundo se ha desintegrado para ella y ahora, con todo el desconcierto al que nos sentimos arrastrados, se convierte en un lejos-cerca de los que aquí quedamos.
Parece irreal leer una noticia de este estilo cuando se trata de alguien con quien has compartido fatigas y alegrías y ha alcanzado la misma edad en la que uno se mueve. La noticia cae como golpe temido, pues han sido muchos días percibiendo su declive y su deterioro; también su serenidad, su silencio, su misterioso proceso interior. Ahora, su marcha provoca muchos interrogantes. ¿Cómo será su realidad en esa otra dimensión? ¿Cómo transcurrirá su vida en esa ausencia de tiempo, toda vez que ha entrado en la eternidad? ¿Cómo verá nuestra pequeña y limitada preocupación desde esos espacios amplios del “allá” donde todo lo de “acá” aparecerá sin el peso que a nosotros nos agobia? Y solo hay preguntas, ya que ese “allá” permanece para los de “aquí”como terra ignota.
Sabemos que su vida es más plena y que su presencia, hecha ya de luz, disfruta para siempre de todo lo que aquí buscó, pero los hilos que tejieron nuestra amistad se resienten ante su marcha porque todavía siguen vivos, aunque no encuentren conexión inmediata.
Carmen se fue discretamente, como fue siempre su estar entre nosotros. De Porcuna, Jaén, su Andalucía no se manifestaba en barroquismos alambicados. Aunque nunca perdió su acento, tuvo siempre mesura en sus manifestaciones, huyendo de esos retoques un poco artificiales donde lo importante es dejar patente de dónde venimos.
Su marcha vino gestándose a lo largo de varios años. Un día nos llegó la inesperada y temida noticia: el cáncer se había instalado en sus pulmones. Desde ese momento se convirtió en compañero inseparable que, sin ninguna consideración, iba avanzando por su cuerpo, lento pero inexorable. Sigilosamente fue apoderándose de todo. Y fue también el silencio y la serenidad de siempre la respuesta que ella fue dando a esa presencia destructiva. En ese silencio fue ella encontrando el hueco donde ir depositando sus reflexiones, su búsqueda de paz y su aceptación serena de algo que se iba haciendo irremediablemente presente de forma machacona. Siempre manifestó que vivía en paz y esa paz transmitía a quienes la visitaban.
Otra vez adiós. Otra vez levanta uno la mano para despedir a quien se ha ido buscando la felicidad que aquí fue saboreando a trechos. La mano se queda en el aire. A quien despedimos marcha silenciosamente y no vuelve la vista atrás. Pareciera que la luz, como un imán, le impidiera ya recordar que aquí quedábamos los que la tuvimos como una buena amiga.

Salus
12 de diciembre de 2016
 



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