Te informamos que utilizamos cookies propias y de terceros para ofrecerte un mejor servicio, de acuerdo con tus hábitos de navegación. Si continúas navegando, consideramos que aceptas su uso. Puedes consultar nuestra Política de Cookies aquí
Olla de Grillos

Hemos acordado llamar a este rincón literario “Olla de Grillos” después de pasar por encima de una serie de nombres de similar sentido, como, por ejemplo, “Cajón de sastre”, “Arca de Noé”, “Torre de Babel”, “Casa de locos” e incluso “Merienda de negros”… Para los efectos, cualquiera de ellos hubiera sido igualmente expresivo. “Olla de grillos” se refiere al “lugar en el que hay gran desorden y confusión y nadie se entiende.” No obstante, y aunque haya que interpretarlo con amplitud máxima y más allá del pie de la letra, sí es propósito de los editores que este marco esté abierto a todos los frailes del convento de San Pablo y San Gregorio, sin límite de edad y especialidad, con plena libertad de expresión y de selección temática y con la certeza de que los textos serán respetados y agradecidos.

Caben en la Olla todos los timbres de todos los grillos, en la seguridad de que todas las partituras tendrán cobijo y acogida. Cuentan, desde ya, con el agradecimiento de toda la comunidad y de cuantos lectores deseen suscribirse a ellos. Si bien la preferencia de edición está reservada a los frailes del convento de San Pablo y San Gregorio, serán igualmente acogidos y editados los trabajos de cuantos se sientan invitados (todos) a participar en esta Olla de Grillos. “De omni re scibili” era el eslogan de nuestros antepasados, a la hora de escribir o enseñar en todas las aulas que presidieron, que fueron muchas y de altos vuelos. Aquí caben los temas menores, todos los géneros y cualesquiera partitura temática. Serán bienvenidos y agradecidos. La Olla está abierta desde hoy.

LLEGÓ UNA NUEVA VIDA


En medio de este mundo confuso y perturbador, Juan Carlos y Teresa nos enviaban la feliz noticia del nacimiento de su primer nieto. Las particulares redes del grupo que compartimos se pusieron enseguida en movimiento. Las felicitaciones salían por todos los poros de la red. Era una noticia alentadora. Acompañaban su alegría con la foto de su nieto sobre el pecho de su madre. Él dormido serenamente y ella mirándolo con ternura.
Cuando el demoníaco coronavirus sigue alimentando el miedo por todos los rincones, la vida de este niño comienza a desenvolverse al margen de todo este desconcierto. Su vida va surgiendo rodeada de cuidados y prevenciones, de cariño y de esperanza. El otro “sermínimo” parece ir adueñándose de todos los lugares y dejando a su paso la desolación y la tristeza. Sus tentáculos siguen extendiéndose y el mapa mundial es ya un largo y silencioso SOS al que nadie parece saber responder con seguridad. Se sale por donde se puede; hay intentos de todo tipo, pero nada parece parar el efecto de su fuerza. Da la sensación de que la improvisación es el arma más socorrida y las reacciones ante su presencia no acaban de encontrar la línea que indique claramente por dónde seguir.
El pequeño nieto de Juan Carlos y Teresa seguirá creciendo apoyado por el amor de muchos. Ahí sí se sabe por dónde seguir para que la vida vaya triunfando sobre la muerte, tan repetida estos últimos tiempos. Ese pequeño va dando sus primeros pasos sin necesidad de saber que, los pulmones que le permiten respirar, están convirtiéndose para muchos en órganos que se van volviendo inservibles cuando ese maldito “mínimoser” llega a sus cuerpos adueñándose de todo y desequilibrando la existencia.
El pequeño irá creciendo repartiendo alegría por doquier. Sonreirá cuando reconozca rostros familiares que le transmitirán seguridad y, su vida, como la primavera, se irá abriendo paso mientras él irá descubriendo los misterios en que se verá envuelto. Dios ha bendecido a estos jóvenes padres entregándoles la alegría de ser responsables del niño que ha llegado a este mundo. Él llenará su existencia con múltiples colores y quizá algún día sepa que mientras él llenaba de alegría a su familia, muchas personas luchaban con el miedo de la incertidumbre. Gracias a Dios, para él todo será cosa lejana, historia oscura en la que él no tuvo protagonismo. Lo tuvo otro “mínimoser” maldecido por todos que llegó, un tanto de improviso, y trajo consigo la desolación y la desesperanza.
Bienvenido, pequeño, a este mundo. Ojalá tu existencia discurra por el camino de la luz y la esperanza. Ojalá no encuentres en ese camino el látigo inesperado del desconcierto aniquilador. Que seas motivo para seguir confiando en que la vida se abre paso por encima de lo inesperado y en ella se manifiesta el hálito de Dios que, pese a todo, sigue presente en la luz y en las sombras de nuestros días.

Fr. Salus Mateos
Valladolid 26 de marzo de 2020



NUESTRA IGLESIA VACÍA

A las ocho de la mañana, como solíamos hacer, la comunidad baja a la iglesia. Es nuestra celebración conventual donde participamos todos los frailes. En este tiempo no hay compromisos externos y podemos vivir juntos este gesto tan comunitario: celebrar la eucaristía con el rezo de las laudes. Es un acto que parece cercenado de la realidad. Esa eucaristía cuenta siempre con un grupo de personas que, repartidas por el templo, celebran, en unión con la comunidad, el acto más significativo de nuestra fe.

Nuestra recién estrenada sillería coral se ve estos días ocupada, manteniendo entre nosotros la debida distancia. Pero se siente la ausencia de las personas que a esa hora tempranera acuden con fidelidad a vivir su fe. Y uno mira los bancos vacíos y recuerda los lugares que ocupa cada uno de los participantes. También la variedad de la que se ayudan en el rezo. Los hay que usan el móvil para recitar los salmos; otros lo hacen valiéndose del libro que hay a disposición de todos. Por eso, estos días, extender la mirada por los bancos vacíos produce una cierta nostalgia. Una iglesia vacía remite siempre a los hombres y mujeres que la frecuentan y acuden a ella a algo más que a ver la belleza de su arte.

Esos bancos de nuestra iglesia vacía, reciben cada día la vida de muchos y variados visitantes. Los hay que, en tiempo de frío, buscan el calor del recinto o el frescor cuando el calor aprieta; otros llegan como si hubieran caminado mucho y descansan; los hay que parecen recogidos y en oración, no son la mayoría; también hay bastantes que pasean extendiendo la mirada por todas partes, como si quisieran ver más de lo que hay. La grandeza del templo no deja indiferente más que a los que buscan la foto para poder hacer constar a alguien que pasaron por aquí, aunque no les importe mucho lo que contemplan.

A esta hora primera hay un profundo silencio. No se oyen los coches, ni la algarabía de los adolescentes que se acercan al instituto Zorrilla. El “coronavirus” ha dejado la costumbre vacía. Solo los bancos y nosotros que representamos a tantas personas que comparten nuestra misma fe. Es lo que uno se imagina: la iglesia está vacía, pero hay ausencias/presencias que se sienten, no tanto por costumbre, cuanto por haber vivido juntos el misterio de Jesucristo y, por ello, sentirnos un poco hermanos de todos los que tienen que resistirse a entrar, por eso de que “la salud es lo primero”.


Fr. Salus Mateos Gómara, OP
19 de marzo de 2020



LA VISITA INESPERADA

Caminábamos ufanos, imbatibles. No sabíamos bien a dónde íbamos, pero seguíamos caminando, ya que “parecía” que todo estaba controlado y asegurado. Acostumbrábamos a mirarnos el ombligo y, dirigiendo la mirada a nuestro alrededor, éramos incapaces de ver a nadie. Habíamos perdido la capacidad de percatarnos de que había otros en esa marcha. Y surgieron los diálogos altaneros y despectivos: a ver qué tierra es mejor que la mía, qué historia tiene más peso en nuestro común recorrido… y nos metimos en filologías para concretar conceptos de nación, patria. Todo acabó embarrado. La bandera se convirtió en un trozo de tela a manipular y a despreciar, queriendo inventar otra historia y, por ello, nos agarramos a ese otro trozo de tela que, ahora sí, tiene carácter sagrado, -pequeño y escuálido- porque proclama de qué tribu provengo. Y así nos hicimos altaneros y comenzamos a despojarnos de valores que enriquecían nuestra convivencia: igualdad sin desequilibrios; solidaridad como compromiso y no como ideología; respeto como consideración a lo más sagrado de cada uno, más allá del postureo hipócrita e interesado... Y llegó la violencia y se le dio otro nombre para justificarla. Y la ley dejó de ser igual para todos, pues servía otros intereses y así se retrajo con motivos torticeros. Y se permitió que la injusticia sembrara la desigualdad por intereses bastardos y la ley dejó de tener carácter universal.
Pero seguíamos caminando, valorando solo el presente, sin que hubiera horizonte adecuado e igual para todos. Y de repente nos encontramos perdidos. ¿A dónde íbamos? ¿Qué ha pasado? ¿No estábamos seguros del camino a seguir? Y ¿por qué este desconcierto? Y hubo silencio porque llegó la visita inesperada. Un simple/maldito e insignificante ser vivo que tiene más fuerza que todos nosotros y que parece surgir del averno de almas sin piedad, y no sabemos cómo expulsarlo de nuestras vidas. Y se estableció el miedo de forma general. Se aconsejó no salir de casa y se vaciaron las calles, convertidas ahora en espacios muertos. Surgió la necesidad de irse al pueblo, a ese espacio de tierra donde todo parecía más seguro y que, antes, solo se valoraba en verano.
Entonces se vio que nuestra realidad personal y social necesitaba otra orientación. Y nos dimos cuenta que ese pequeño/gran ser que había llegado de fuera sin avisar, podría ser un motivo para reflexionar, un poco más allá de todos los problemas que nos estaba provocando. Quizá fuera necesario orientar la convivencia de forma más humana. Tal vez habría que recuperar valores que se han visto despreciados en pro de ideologías. Considerar la justicia como forma digna de sentirnos todos iguales. Si queremos una nueva sociedad no llegará desde la imposición manipuladora, tampoco de teoría baratas, sino desde la reflexión serena, el consenso buscado, hecho de respeto y consideración. Todos vamos en el mismo barco y hay que basar la convivencia en “valores”, que no en simples intereses personales, porque al final, las “visitas inesperadas” hacen de nosotros una sociedad raquítica reducida a lo más inmediato, sin saber muy bien hacia dónde hemos de dirigirnos cuando la visita haya abandonado nuestro hogar.

Salus Mateos, OP

14 de marzo de 2020

 

 



Movilidad, disponibilidad, itinerancia...

Son palabras que forman parte del vocabulario frailuno -¿también de sus acciones?- a las que estoy sacando el jugo en este tiempo que me dispongo a trasladarme a la que va a ser mi décima cuarta asignación en el seno de la Orden desde que profesé en ella en 1972. Catorce asignaciones en cinco países distintos. Desde un primer viaje con una maleta y una guitarra -es como fui al noviciado- hasta una semana preparando una primera tanda de paquetes, falta otra, en lo que se incluye la misma guitarra, fiel compañera por cuarenta y ocho años.

La edad hace que conjugar esos términos cueste más. No es lo mismo con 30, con 40, con 50, que al borde de los 70. Son muchas más cosas en que pensar y las que hay que prever en su nueva forma, la mayoría concernientes a la atención de la salud. Pero no solo eso. Nuevo ambiente, nuevas actividades, nuevos hermanos de comunidad, nuevas expectativas... con menos "juego de cintura". Y todo ello pidiendo "la misericordia de Dios y la vuestra", como solicitamos al entrar en la Orden, y recordando que poner las manos entre las manos de un hermano al pronunciar la profesión tiene un significado de confiarnos en los hermanos, en que desean lo mejor para uno.

Son valores muy bellos. Pero naufragan cuando en vez de confiar en los hermanos, desconfiamos; en vez de disponernos, nos indisponemos; en vez de movilizarnos, nos estancamos durante muchos años y nos convertimos en inamovibles; entonces, nuestra itinerancia se reduce a unos pocos pasos, siempre los mismos; nos sentimos dueños de conventos y de actividades hasta acapararlas, ponernos en guardia ante la incorporación de otros hermanos y reaccionar inmediatamente ante cualquier cambio o novedad que intenten. Vale aquí muy bien la pregunta de Pedro de Córdoba en La Española: ¿con qué derecho y con qué justicia?

No. Ninguno somos dueños ni imprescindibles en ningún sitio, puede que ni siquiera necesarios, puede que incluso fuera mejor para ese sitio saber retirarse, saber dejar el espacio, facilitar el relevo, confiar en los que vienen detrás porque también la confianza en ellos está incluida en nuestra profesión religiosa. ¡Qué gusto da y qué magnífico testimonio el de quienes saben hacerlo con sencillez y con alegría! Pero qué pocos son los casos.

No hago alabanza propia. En el mío, no hay caso. No estoy "sabiendo retirarme", simplemente porque no he tomado yo la iniciativa, me han pedido otro servicio y lo he aceptado. Aunque pasen los años y cada vez cueste más, no quisiera perder nunca esa disponibilidad mientras pueda darla.

Medito en todo esto mientras me preparo para incorporarme a una nueva asignación.

Fr. José Antonio Fernández



Descubrir las oportunidades: “Vino nuevo en odres nuevos”. (Mt 9,14)

I.- LO PRIMERO ES MIRAR LA REALIDAD
1.Dominicos. A primeros de julio comenzó en Vietnam el Capítulo General electivo. N. 290 de los dominicos, donde ha sido elegido el 88º Maestro General de la Orden de Predicadores, Fray Gerar Timoner III, filipino de 51 años. Los dominicos del mundo entero siguen reunidos para definir las grandes orientaciones de la vida de la Orden y revisar sus leyes. Los Superiores de los países junto a los delegados elegidos por los propios frailes, oran y reflexionan para que lo que han de vivir y predicar a diario haya sido decidido también por todos ellos.
El Maestro -recién elegido- se unió de inmediato para presidir el grupo. En la actualidad los Capítulos se celebran cada tres años, y el mandato dura nueve. Tal es la democracia desde la edad Media, que ha mantenido la Orden sin divisiones, en continuada evolución conforme a los signos de los tiempos y las necesidades sociales.
2.Familia dominicana. La Familia dominicana en el mundo consta de frailes clérigos y cooperadores, de monjas, de hermanas, de miembros de institutos seculares y de fraternidades sacerdotales y laicales. Las constituciones que siguen se refieren únicamente a los frailes; con sus prescripciones se provee a la necesaria unidad de la Orden, sin excluir la necesaria diversidad, de acuerdo a nuestras mismas leyes.
Fraternidad laical de Santo Domingo en España. En marzo de 2013 se publicaron los Estatutos y Regla de dicha fraternidad. La diferencia fundamental entre los dominicos seglares –antiguos- y las actuales fraternidades laicales es que unos dependían de los distintos conventos, mientras que la Fraternidad laical goza, a nivel nacional, de autonomía bajo la autoridad directa del Maestro de la Orden.
3. La Conferencia Episcopal Española, ha diseñado para febrero próximo la preparación de un Congreso, con el lema “un laicado en acción” para vivir el sueño misionero de llegar a todas las personas. Han comenzado a nivel diocesano, “mirar, discernir y elegir”, con la mayor sencillez y humildad, la situación del Pueblo de Dios como Iglesia viva y misionera. Se intenta convocar la mayor asistencia posible, y la participación en grupos menores, con las aportaciones que surjan a lo largo del verano, hasta octubre.
En la primera etapa del verano se está incoando a nivel nacional un trabajo de grupos de reflexión-escucha, de “bautizados” como Pueblo de Dios (laicos, sacerdotes, consagrados) que dialogan, desde sus propias perspectivas sobre las situaciones reales (retos, desafíos, apoyos) que les envuelven en las más variadas circunstancias particulares o personales. Todo ello como preparación de un congreso de laicos en febrero.

II. LO SEGUNDO ES RECONOCER EVIDENCIAS. Valorar
IGLESIA PUEBLO DE DIOS. “El camino de la “sinodalidad” es el camino que Dios espera de la Iglesia del tercer milenio” Es el compromiso programático propuesto por el Papa Francisco en sintonía con el Concilio Vaticano II. “La Iglesia, dice, está llamada a manifestar que la catolicidad que la cualifica, y la sinodalidad en la que se expresa, son fermento de unidad en la diversidad y de comunión en la libertad”.
Para que este proceso de discernimiento pueda llevarse a cabo necesitamos practicar una convivencia caracterizada por la escucha y el diálogo interpersonal, en todas sus fases. Es el desafío que hemos de asumir seriamente para que la fuerza del Espíritu nos conduzca al cambio de mentalidad, -a nacer de nuevo en la Iglesia- como Jesús recomendó a Nicodemo.
Pueblo de Dios. Todos los bautizados somos sujetos, activos y responsables (personas), capaces de realizar la misión de la Iglesia. En el AT fue la tribu de Judea, Israel, la elegida, a quien Moisés condujo por el desierto durante varios siglos, esperando la liberación de Egipto. El Pueblo de la Nueva Alianza, nació misteriosamente con la encarnación del Verbo y la presencia del Espíritu Santo de forma permanente.

Lo sinodal: “Es un elemento constitutivo en la Iglesia, porque forma parte de su misma naturaleza. Significa caminar juntos, propone fortalecer las relaciones, exige contar con comunidades misioneras abiertas al territorio, invita a la conversión y lleva a la misión. La puesta en acción de una iglesia sinodal es el presupuesto indispensable para un nuevo impulso misionero que involucre a todo el Pueblo de Dios” (Sínodo jóvenes, n. 118)

Somos el Pueblo que camina y caminando recibe el amor liberador en sí mismo y para la atención a los demás (San Pablo a los gálatas) En ambientes de oración (con Dios) y amor fraterno afectivo y efectivo (hacia el prójimo) se manifiestan la misericordia de Dios, con el desarrollo humanizante y la verdad, capaces de depurar errores colectivos.


LO TERCERO: ES OBRAR CON MISERICORDIA

A.Cambio de mentalidad. Desde el principio, y en cada momento, hay que superar toda clase de egoísmos para eliminar el clericalismo (antiguo) y una secularización sutil (naciente). Laicos en acción, misioneros, ante todo testigos, nueva evangelización significa la fuerza del Espíritu Santo como nuevo Pentecostés que permita la unidad en las diferencias y comunidad en la misión.

B. Escucha y diálogo constituyen “la comadrona” capaz de acoger al neonato cuando llegue, ya se trate de gente sencilla que comparte su vida de Pueblo de Dios, o a nivel de los grupos especializados, en los que militen como servidores, otros grupos menores de asociaciones, cofradías, comunidades de vecinos, etc.
Superar los egoísmos latentes personales y limitantes es un esfuerzo cooperador que ha de ponerse de base para descubrir, desde la propia consciencia, la verdad reinante. Nuestra complejidad como especia humana (animal racional) sobrenaturalizada será conducida con la ayuda del Espíritu a la verdadera libertad, carente de errores en la traviesa.

Ser conscientes y responsables empuja a cada uno a mirar con nuevos ojos, y elegir en el momento lo mejor para el otro, conforme al amor samaritano.

¡Descubre el vino nuevo!
¿Grupo sinodal en san Pablo? Con mente y corazón compasivos
Discernir –con la luz del Espíritu- es misión de la Iglesia. Conscientemente nos lleva a reconocer los medios concretos que el Señor predispone, en sus planes salvíficos, para que no nos quedemos solo en buenas intenciones. Por ello es preciso esclarecer aquello que puede ser fruto del Reino de Dios y también aquello que atenta contra su proyecto.

Es preciso reconocer e interpretar las mociones buenas y no buenas (el mal nunca lo elegimos) y elegir para llevar a la práctica las buenas. Es también don del Espíritu Santo la moción para pedirlo con estilo de escucha fraterna y diálogo intergeneracional, en todas sus fases.

C. REALIZAR. Una vez elegido el objetivo, llevarlo a la práctica, en tiempo prudencial y sin violencia. La demora puede ser tan perjudicial como la precipitación. La unión de fuerzas para llevar a cabo el plan de Dios en cada momento y lugar exige sincronizar voluntades, como la armonía de un coro. Será preciso recurrir a la súplica y acción de gracias en la oración del Padre nuestro, que guía a los pecadores arrepentidos.

La función sacerdotal del Pueblo de Dios dará en cada momento, a todos juntos, el buen criterio pastoral para decidir como propias de su peculiar llamada las acciones correspondientes, en la buena orientación del orden temporal. La misión concreta puede realizarla la persona que es enviada a una misión concreta, aunque la deliberación esté asumida por todo el grupo.


Fray Manuel G. de Lafuente, OP
Convento de San Pablo y San Gregorio.
Valladolid, 20 de julio de 2019


 



Memorias de un fraile bueno

El pasado 15 de mayo falleció en Navarra, su tierra natal, Fr. Cándido Aniz, fraile que fue por muchos años parte de nuestra presencia en Valladolid, unos cuarenta -con la interrupción de los años que fue prior provincial- en el que era Convento de San Gregorio, y ocho más en el actual de San Pablo y San Gregorio.

Tuve contacto con él prácticamente desde mi entrada en la Orden. En mi año de noviciado (1971-72) el maestro de novicios lo llevó a darnos un curso sobre sacerdocio. Fue un poco excusa para convivir un breve tiempo con nosotros (éramos 23 novicios) conocernos y hacernos la "ficha", puesto que del noviciado pasaríamos a los estudios de filosofía, con él como profesor y director del Instituto en que los haríamos. Siempre he mantenido la impresión de que aquella estancia tuvo también la intención, solicitado me imagino por el maestro de novicios, de darle su visión y consejo sobre cada uno de nosotros en cuanto a los "pasos" de permanencia en la Orden y profesión temporal, que sería la primera que hiciéramos.

Después, efectivamente, coincidí con él un tiempo largo, los dos años de estudios de filosofía que hacíamos en aquel entonces como comunidad hospedada en el Seminario de Valladolid. Dentro de las distancias que había entre la comunidad de padres y la de estudiantado, eran muchos los momentos de convivencia: en clases, en el comedor, en la oración. Con él teníamos además la relación con el director del Instituto. Y fue nuestro profesor de Historia de la Filosofía Contemporánea. La imagen de ese tiempo que mantengo de él es la de un fraile que trataba de ser cercano, respetuoso, muy correcto en sus formas, siempre animoso y estimulante.

Poco después de mi paso de la filosofía a estudiar la teología en Salamanca fue elegido prior provincial. Gracias a él se pudo hacer en San Esteban una iniciativa que cambió las formas del Estudiantado. Me refiero a la creación del convento propio que dio en llamarse Sotomayor constituido por los estudiantes de teología y, en su origen, cinco frailes ordenados. Fue una división del convento de San Esteban que resultó controvertida en su ejecución. Lo viví en carne propia porque hice mi primer año todavía en San Esteban y fui de los "fundadores" del nuevo convento. Recuerdo el sentimiento de agradecimiento que había hacia él en la comunidad de Sotomayor, donde ciertamente fue posible alcanzar una forma y nivel de vida comunitaria que no los teníamos en San Esteban. Y él supo "mantenella y no enmendalla" ante quienes en San Esteban se sentían dolidos y ante toda la provincia.

La relación con él pasó a ser entonces con el provincial. En esa condición y en esos años fue él quien, como superior mayor que podía hacerlo, me instituyó en los ministerios de lector y de acólito a comienzos del curso 1977-78. Y fue con él con quien traté mi primer destino al terminar los estudios. Hubo ahí otra situación controvertida en doble vertiente. Una, porque veníamos fraguando un compañero de mi curso y yo, desde meses antes, la idea compartida con el entonces prior del Vicariato en Centroamérica de incorporarnos a él. La controversia estaba en que eran ya tiempos de cursos muy reducidos en número y una buena cantidad en los cursos anteriores habían sido destinados a vicariatos en América (Perú, República Dominicana), y apenas alguno había sido destinado en España, lo que provocaba un cierto clamor en la provincia. La otra vertiente de la controversia es que el convento de Santo Domingo el Real, de Madrid, de cuyo club juvenil procedía yo, sin saber yo ni una palabra, me solicitaba ante el provincial para ser destinado ahí y casi hasta me tenían preparada habitación; y parece ser que se llevaron un buen disgusto al conocer la decisión de que yo iba a Centroamérica. Me ha quedado siempre el agradecimiento de la comprensión con que el P. Cándido trató ese asunto y de su decisión final.

Ya en Centroamérica y en su segundo periodo como provincial recuerdo la visita que nos hizo estando yo en la casa de Managua. Estábamos en plena efervescencia del triunfo de la revolución sandinista en julio de 1979. Cabeza pensante como era no podía dejar de hacer sus análisis sobre una situación para él muy desconocida, como lo era nueva para todos, incluso los que veníamos viviéndola desde dentro. Recuerdo que en esos análisis su gran preocupación era "el vacío de poder" que según él suponía que lo hubieran asaltado jóvenes guerrilleros sin experiencia alguna de gobierno.

Luego han pasado muchos años. Él terminó sus periodos de provincial y regresó a Valladolid a retomar su presencia en el Instituto de Filosofía. La entidad de la Orden en Centroamérica pasó en 1984 a ser autónoma, entonces como viceprovincia. Y no volví a tener relación alguna con él hasta mi regreso a España en 2015, viniendo a ser asignado al convento de Valladolid, donde él continuaba. Me encontré entonces con el mismo P. Cándido pero en mayor, se acercaba ya a los noventa años. Cansado y disminuido de fuerzas seguía colaborando en actividades conventuales y era la misma persona acogedora, interesada por todo, animosa, siempre preguntando, respetuosa, cercana, formal... un hombre bueno y un fraile bueno. Una de las actividades que mantuvo mientras estuvo con nosotros hasta el verano de 2017 es la que él llamaba Aula de Teología y era admirable su interés y dedicación en esa tarea. Siento un cierto orgullo y satisfacción personal en que la comunidad me encomendara continuarla en la que es hoy nuestra Escuela de Teología.

P. Cándido, reciba desde el seno del Padre mi reconocimiento y agradecimiento por lo que usted ha significado en mi pertenencia a la Orden.

Fr. José Antonio Fernández



Hacia una Iglesia evangelizadora. Visita relámpago del M.O. fray Bruno Cadoré, a Valladolid

Querido Maestro fray Bruno:

Con suficiente antelación y “cercanía” el M.O. fray Bruno ha publicado, hace poco, en Editorial San Esteban un libro de letra menuda y magisterial contenido. Ha hecho llegar a cada fraile un ejemplar, ofrecido con una palabra de despedida, “Escuchar, con Dios, los latidos del mundo”, cuando está a punto de concluir su servicio en la curia generalicia.
En el cap. 3, "Vivir la Orden", dedica unas pocas páginas a los laicos de hoy, y del siglo XXI. Llaman la atención por su serenidad, sencillez e intuiciones de futuro: sirve de reflexión a nuestra naciente fraternidad laical, poniendo semillas iluminadoras de esperanza para el futuro del laicado y de la Orden: Ir más lejos, hacia una iglesia evangelizadora.
Dice que en la Orden ahora tenemos más laicos que religiosos, más religiosas que frailes y más frailes que monjas, que son sin embargo nuestras hermanas mayores. Las cifras no lo dicen todo. Esta diversidad es la razón por la cual la floración del espíritu dominicano y la promoción de la familia dominicana constituyen una misma y única realidad. Se trata de evidenciar que los laicos comprometen su vocación bautismal de diferentes maneras.
Dice fray Bruno que, a nosotros hace ocho siglos, fray Domingo nos abrió el camino de la “familia dominicana”. Algo que será un desafío para la iglesia de los años venideros, y que todos tendrán que aceptar, representa ya una apuesta para la familia dominicana, ya que se trata de lo que constituye su propio ser desde los comienzos.
La Orden, con su experiencia varias veces centenaria al servicio de la Evangelización, debe sentirse concernida por este cambio decisivo, que verá cómo la Iglesia va a mostrar una fisonomía totalmente distinta de la que tiene (ahora) como institución dominada por hombres consagrados. La clave será promover resueltamente comunidades cristianas de evangelización, y para ello es necesario que los laicos por su parte ocupen plenamente su puesto, su papel y su función; no porque los clérigos lo hayan decidido (o sean escasos) sino porque todos nosotros habremos tomado conciencia de que así es como debe ser la Iglesia de Jesucristo.
Hoy, al igual que en los tiempos de la fundación, cuando tantas y tantas gentes no vienen o dejan de venir a la iglesia, especialmente en la vieja Europa, la Orden debe aportar su contribución específica en la edificación de la Iglesia, una Iglesia que se hace familiar y amiga de todos. Apoyándonos en la apuesta que hace por la fraternidad, y enriquecida por su diversidad, la Orden quiere aportar esa contribución, por su amor a la Iglesia, y a través de ese amor a la Iglesia. Quiere ser una familia de la predicación, al servicio de la Iglesia Evangelizadora, a través de la familia dominicana.
Por su parte, el Papa Francisco está clamando por una iglesia sinodal, como la Iglesia querida por el Espíritu Santo para el futuro. Una iglesia que es el Pueblo de Dios, cuya gente son los hijos de Dios (de cualquier clase y condición) hermanos y hermanas entre sí, salvados por el Hijo encarnado que vivió, murió y resucitó por amor a la humanidad. Salvando las distancias, algo parecido al origen de la catolicidad cristiana inicial, que se alejó del pueblo judío como predilecto y heredero del Reino.
Saludamos cordialmente al Maestro Bruno en su “paso por Valladolid”, quien de esta forma reafirma su mensaje a los laicos dominicos, a la joven fraternidad de Valladolid, para que teniendo como fundamento y apoyo la convivencia fraterna, se comprometa, junto con el resto de la Orden, a “promover resueltamente comunidades cristianas de evangelización”.
Gracias, Maestro Bruno, por una visita tan especial, a todos nosotros. Oraciones.
Fray Manuel, o.p.
 



Los cuadros y Ayala

El sábado, 29 de junio a las 20:00 horas, concluyó la eucaristía en la iglesia. Fray Sixto aprovechó el rato para seguir colocando cuadros por las escaleras, y también el reloj recuperado del Colegio. Operación sencilla en sí misma pero entretenida al tener que usar tacos, alcayatas, medidas, luz eléctrica…
Llegó Manolo se quedó mirando la tarea, admirando el cuadro (P.Villacorta instalado en el tramo de subida a la recreación) y buscando lugar adecuado para el reloj; encontró su espacio exacto “debajo de la cama” que en el piso superior duerme el propio Sixto.

Con este preámbulo y dando vueltas a los huecos disponibles en las escaleras hacia el tercer piso encontró un amplio lugar para el que sería último de la serie, llegando a la biblioteca, arriba del todo, sin visibilidad ni de día ni de noche. Tan sólo quedaba por acomodar el cuadrito pequeño, que había sido retirado para colocar el reloj: justamente en el rellano de la escalera, entre el 1º y 2º pisos, con una distancia inferior a tres metros y otros tantos de altura. Quedaba acomodado el último de la serie.

Entretanto Manolo, comentaba detalles sin valor postal… hasta que fray Sixto le dijo que ya ofrecía una perspectiva “grata”, relacionado con las distancias de los tres cuadros vecinos, tamaños y calidades “sui generis”; añadió que con los artistas postmodernos todo puede pasar. En los intermedios se apagaba la luz de la escalera regulada por el automático de bajo consumo, y había que estimular de vez en cuando.

 

Reflexión. Al concluir su trabajo, subió los ocho peldaños necesarios para descubrir “la perspectiva” -belleza- que brindaba la instalación, y dijo: “puede pasar”. No tenía parecido con lo que había apreciado él desde su reducido plano inferior. “Quidquid recípitur…” decían los clásicos para resolver conflictos. “Lo que se recibe (percibe) se percibe según el modo de ser de quien lo percibe”. Las percepciones humanas elaboradas a través de imágenes sensitivas son tan distintas como cabezas pensantes, o situaciones novedosas que permiten descubrir aquella realidad con otros matices enriquecedores, buenos o bellos. Resulta que los mediadores que intervienen en el proceso “de abstracción” para elaborar un juicio responsable, son tan amplios, que por sí mismos, necesariamente, han de ser originales sus conclusiones.

El primer traductor (intérprete) del agrado/desagrado (instintivo y salvador de la vida) procede del campo biológico del hipotálamo en donde unas neuronas (con descarga eléctrica) son capaces de segregar sustancias químicas (hormonas) de placer/rechazo, a gran velocidad para salvar la vida.

Quien suba las escaleras y perciba “nuestra tarea vespertina” podrá experimentar y emitir sus opiniones sin ningún reparo, con tal que acepte la existencia de otras dispares: La misma realidad “objetiva”, subjetivamente era percibida por Sixto y Manolo de modo diferente, en base a la distinta situación espacial de los dos observadores; y fueron capaces de consensuar libremente.

La prensa del día destacaba en columnas científicas que el famoso biólogo español F. J. Ayala, residente en EE UU, había sido despojado de sus títulos honoríficos y cátedra universitaria por mal comportamiento de índole sexual con compañeras de trabajo a lo largo de muchos años. Habían silenciado los hechos largo tiempo y ahora habían tenido valor para unirse y animar a otras a realizar las denuncias, ante el rectorado, para ejecutar la ejemplar sanción.

El profesor Ayala, que ha dado la callada por respuesta minimizando los hechos, ha hablado siempre desde su doble condición de biólogo y creyente, sin entremezclar los discursos. Entre los científicos abunda el materialismo radical que niega la existencia de cualquier realidad que escape al método experimental. Hallar a un biólogo de primera talla que afirme la doble “perspectiva de conocimiento de la razón y de la fe” no es agradable hoy en tales redes sociales. El método científico de investigación se puede afirmar sin más, que es compatible con el teológico de percepción de la verdad revelada, en cuanto disponen de un camino diferente para sus hallazgos.

Existen demasiadas coincidencias entre la “depuración” del profesor Ayala, y los momentos de su publicación, cuando hace varios meses que sucedieron los procesos y justamente el día uno de Julio han entrado en vigor las consecuencias legales que afectan al alumnado general universitario.

Una lectura más profunda, a largo alcance, en tiempo y lugar, con repercusiones en nuestro propio ambiente educativo, nos invita a abrir los ojos al color rojo de las camisetas, fechas y formas de difusión calculadas, con apariencias defensivas de la personalidad femenina, y su eslogan “yo valgo” en la última película de actualidad.

Valladolid,3 de julio de 2018
Fray Manuel, o.p.



TRES HOMBRES BUENOS

Volvía de Zaragoza, arrastrando una maleta de peso considerable. Al ir a colocarla en la repisa del tren, un joven se adelantó y haciéndose cargo de ella, sin comentario alguno, la depositó en su sitio con toda naturalidad. Le di las gracias y le transmití mi sorpresa por su amabilidad. Lo recibió con sencillez y trató de quitar importancia al asunto. Me senté y pensé lo satisfactorio que es encontrarse con gente amable que, sin aspavientos ni artificialidades, se comporta con una servicialidad sorprendente, algo cada vez más ajeno en nuestras tierras. Pensé para mí, éste me ha visto achacoso y sin fuerzas y ha querido evitarme un esfuerzo que podría superarme.

Es gratificante encontrarse con personas así, que te sorprenden por su sencillez al realizar gestos inesperados de cordialidad, pero más gratificante es vivir con personas que se definen por su bondad, su servicialidad y su coherencia.
Nuestra comunidad dirá, en breve, adiós a tres de esas personas que dejan una huella significativa entre nosotros. Son tres frailes cuyas edades se van jalonando y colocándolos en distintos niveles.

Fray Cándido ÁnizEl mayor es Fr. Cándido Ániz. Navarro por los cuatro costados, trabajador infatigable y animoso que, con sus 91 años, sigue “arañando la vida en búsqueda de la verdad” y lamentando que sus limitaciones físicas no le dejen poder mantener el ritmo que solía y tener que limitar, en gran medida, su variada actividad. Hoy se conforma con alabar y reconocer lo que ve hacer a los demás y caminar los sábados y domingos hasta el kiosko para acercarnos la prensa. Lamenta haber reducido el servicio a los otros y vivir tratando de que su salud no se quiebre del todo. Siempre fue un ejemplo de fraile dominico: inquieto en el estudio, interesado por la problemática que va surgiendo, deseoso de poder contribuir con sus conocimientos a ir dando respuesta a cuestiones actuales. Su serenidad en los momentos bajos que le toca vivir es un ejemplo de firmeza para aceptar con sencillez lo que los años le van quitando y asumiendo el deterioro que, como es natural, esos mismos años le van proporcionando. Cumplidor hasta el extremo, ha tratado siempre de participar en todo lo que la comunidad vive. Es una persona sensiblemente comunitaria.

Fr. Eladio Chávarri le sigue en años, tiene algunos menos, pero su mente, que ha sidoFray Eladio Chávarri meticulosa en el estudio y en la regularidad de su vida, se va desdibujando y acusa olvidos o desconciertos frecuentes. Ha sido y es una persona amable, un poco reservado, pero amante del estudio en el que ha planteado muchos interrogantes a nuestra cultura, reflejados en una serie de libros que quedan ahí como testimonio de su inquietud por analizar la realidad y aportar un punto de posible dirección en el desconcierto. Tras muchos años como profesor de lógica, la edad le obligó a dejar de lado la enseñanza. Desde entonces el tema de los valores le ha mantenido ocupado y preocupado. Su aportación quizá ha pasado un tanto desapercibida para el gran público, pero quienes viven con interés estos temas valoran sus aportaciones por su originalidad y por su profundidad. Vitalista consumado recorrió España en un “vespino”, achicharrándose en los veranos, pero deseoso de visitar los rincones de nuestra geografía con espíritu deportivo. La bici tampoco fue ajena a sus aficiones y hasta no hace mucho salía a recorrer los caminos de la planicie vallisoletana con toda normalidad para una persona de 85 años.

Fray Justino LópezFr. Justino López es un fraile querido por su sencillez, su cordialidad y su naturalidad. Enseñó filosofía durante muchos años en el Instituto Núñez de Arce, de Valladolid. Lo hizo, como lo hace todo, con discreción. Vivió para la enseñanza y supo combinarla con intereses variados. Se metió de lleno en el románico palentino y, animado por sus correrías por conocer más y más ese mundo, un tanto desconocido en aquellos años, se decidió a publicar una guía enjundiosa de la Provincia de Palencia. Un amigo completó con fotos espléndidas los comentarios sabrosos que Justino fue plasmando en esa guía. Jubilado de la enseñanza, se introdujo en el mundo de la biblioteca. Él ha sido el alma de la biblioteca del Instituto Superior de Filosofía. Ochenta mil volúmenes han sido su compañía más frecuente al jubilarse. Para completar su labor, aprendió a encuadernar y ha sido capaz de recuperar viejos volúmenes que, perdidos en cualquier rincón de la biblioteca, parecían añorar su vuelta a la realidad a través de las manos de Justino. Él lo ha sabido hacer con delicadeza y, así, nos ha podido enseñar auténticas obras de arte recuperadas tras pasar por sus manos que, con primor, han sido capaces de devolverles lo que el tiempo les había robado. Su labor pastoral en la iglesia ha sido también significativa. Sus homilías, preparadas concienzudamente, han ambientado las celebraciones y han ayudado a muchos fieles a ahondar en su fe. Como suele ocurrir, muchos no sabrán quién era ese fraile de barba recortada, pelo canoso, y hablar un poco carrasposo, pero firme y claro. A sus 78 años ha decidido cambiar de residencia y desea seguir colaborando en la actividad pastoral. Va a Tenerife, a enfrascarse en tareas diversas en el Santuario de la Patrona de Canarias, la Virgen de la Candelaria. Allí, como aquí, será el hombre disponible que nunca pone objeción a sustituir, apoyar y llevar adelante los proyectos.

Tres hombres que podrían definirse con un adjetivo común: “tres frailes buenos” que han sabido vivir entregados a su labor, colaboradores y animosos para que la vida conventual tuviera altura y aportando, cada uno desde su perspectiva, ejemplo de un buen espíritu dominicano.

El tiempo ha de deshacer muchos recuerdos de lo que se ha vivido. También ese tiempo, en su labor destructiva, se llevará a las personas e irá emborronando su perfil en nuestra memoria. Tiene que ser así. La impresión que ahora nos queda, a los que seguimos en esta comunidad, es la de haber tenido la suerte de convivir con buenas personas que nos enseñaron a ser un poco como ellos, porque eso tiene de bueno la convivencia: el bien se contagia. Con ellos hemos aprendido a ser un poco más buenos. No es poco. Gracias Cándido, Eladio y Justino.

Fr. Salus
27 de junio de 2017
 



Homenaje despedida a tres frailes en el jardín

Convocada por el prior fr. Carmelo Preciado se reunió la comunidad, en pleno, el día 23 de junio, 2017, a las 20.30 h. en el patio del convento, para celebrar un acto “familiar” de despedida a tres frailes (Cándido, Eladio y Justino), que van a ser destinados a otros conventos dentro de poco (a Villava los dos primeros, y Justino a Candelaria). Como invitados nos acompañaron colaboradores del convento y familiares de fr. Justino.
Con la puntualidad habitual comenzó el acto con el saludo del prior y la oración de vísperas, con estilo coral, incluido algún canto. A continuación, fr Carmelo comentó de modo sucinto la amplia trayectoria y vida en Valladolid de los tres frailes.

EN LA DESPEDIDA DE FR. CÁNDIDO, ELADIO Y JUSTINO. Dijo: “Y aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid…” en este día significativo (fiesta del Sgdo. Corazón, víspera de San Juan Bautista) estamos haciendo, en ambiente familiar-conventual, la despedida de unos hermanos que van a otra comunidad dominicana: a Villava y Candelaria.
No voy a realizar una apología de ellos pero sí quiero resaltar que son tres frailes queridos que dejan huella en nuestras vidas y en la de esta comunidad de San Pablo y San Gregorio por los muchos años aquí, llenos de vida y vitalidad y dejándonos su bondad, su confianza, su servicialidad y su buen hacer… y siempre dispuestos y disponibles
- Fray Cándido, entregado en estos últimos años al servicio del Instituto de Filosofía, aparte de otras cosas y causas en la Provincia, en todo lo que se le ha pedido y en todo lo que ha podido en la comunidad.
- Fray Eladio, como buen profesor y con “mucha lógica” entregado en la formación de muchas generaciones. Sus alumnos lo recuerdan, lo recordamos, con afecto de maestro.
- Fray Justino: con su entrega y lleno de bondad dejará un hueco difícil de llenar. Los libros de la Biblioteca añorarán “un cuidador” sin igual que les mime con tanto afecto.

Pero no hay marcha atrás en el tiempo. Siempre camina en la misma dirección. De manera imperceptible y de manera fugaz.

Los cumpleaños son un hito que los niños viven con intensidad. De niños nos ponemos años, en la madurez nos los quitamos, y ya, de más mayores, ni nos preocupamos…, es más, no sé cuánto daríamos por volver a ser niños.

Cuentan que, en la antigüedad, había un sabio que, por sus conocimientos y por su fama, irritaba al rey. El monarca decidió conocerlo. Cuando lo vio, lo primero que le preguntó fue la edad “por aquella creencia de que la sabiduría se logra con los años”.
- ¿Cuántos años tienes? El sabio respondió. - No lo sé.
La respuesta enfureció al rey, porque interpretó que el sabio estaba riéndose de él:- Cómo te atreves a decirme que no sabes cuántos años tienes ¿Te estás burlando de mí?
El sabio respondió serenamente: - No, señor. Ocurre que, a mi entender, los años que tengo son los que me faltan por vivir y no los que he vivido; los que viví pasaron, ya no los tengo; los que viviré son una incógnita. Por lo tanto no sé a ciencia cierta cuántos años tengo.

Esa incertidumbre sobre el futuro nos amarra bien fuerte al presente, al “ahora” que tenemos. A las cosas que debemos hacer con perfección. Hablo del trabajo. Y hablo también de saber disfrutar (del trabajo y del ocio) es un arte y una ciencia que no se dominan fácilmente. El vértigo del tiempo nos puede llevar a la desesperación por su inasibilidad o a la intensidad en la vivencia del momento presente: Porque, en realidad, solo hay “ahora” en la vida.

El pasado ya se fue dejando su estela de vivencias y el futuro aún no ha llegado. ¿Por qué desperdiciar el tiempo lamentando que ya ha pasado y suspirando por el que ha de venir?

El Salmo 91 nos dice: El justo crecerá como una palmera; / se alzará como un cedro del Líbano:Plantado en la casa del Señor, / crecerá en los atrios de nuestro Dios.
En la vejez seguirá dando fruto y estará lozano y frondoso…

Pues deseamos a los tres que, donde estéis, sigáis “lozanos y frondosos”, animando a todos, según vuestras posibilidades, y recordándonos, igual que nosotros os recordaremos a vosotros.

CONVIVENCIA. El año pasado, este mismo día de San Juan, siendo prior fr, Juan M. Almarza se inauguró la “terraza” (antigua piscina) nivelando el piso cuanto era posible para mantener firmes unas mesas de tijera, en el centro, y sillas en el entorno amplio.
Sin innecesarias presentaciones, y con talante familiar de auto-servicio… los presentes pudieron degustar y elogiar las habilidades de la cocinera y las viandas (bajas en calorías y colesteroles) que habían preparado.
Unos de pie, otros sentados, cambiando de lugar para mantener el equilibrio y la charla amena, transcurrieron los minutos insensiblemente. Un mirlo se asomaba saltando de unas a otras ramas del arbolado… y la oscuridad de la tarde invitó a dar por concluido el acto.

Relato 52. Fray Manuel.

 



12345678910...
Oficina Internet Dominicos